El diseño, en su profundidad, es un servicio al ser humano y la conciencia, nos adentra hacia la dimensión más profunda con uno mismo y con el mundo. Solo si comprendemos el mundo en que habitamos, podemos comprometernos a mejorarlo.
Cuando entendí el verdadero sentido de diseñar.
En pleno auge profesional, donde cada día las horas eran más cortas y mi creatividad se empezó a volver inexistente, decidí tomarme una pausa. En 2018 paré mi estudio de diseño, sentía mucho ruido interno y bastante desconexión conmigo. Empecé a cambiar mis hábitos alimentarios, a practicar yoga y meditación. En ese instante, encontré el silencio y con él, la paz. Me formé como instructora de yoga y me certifiqué como facilitadora en Activación Kundalini, una herramienta energética para aportar bienestar en las personas. Y en este camino de conciencia, como persona y como diseñadora adquirí un compromiso, aportar en mis diseños un impacto positivo, social y ambiental. Entiendo que el diseñador es creador de cultura y activador del cambio, por eso, mi proceso creativo es reflexivo y consciente, buscando el equilibrio entre el bienestar de las personas y el cuidado del planeta.